El espacio natural de la Reserva Natural de Lagunas de Villafáfila se localiza en el cuadrante nororiental de la provincia de Zamora (Castilla y León, España), dentro de la comarca de Tierra de Campos. La suave orografía de su paisaje y sus peculiares características geológicas son responsables de la formación de las lagunas salinas que confieren a esta zona húmeda una importancia sobresaliente en la Península Ibérica, al ser casi la única representante de un ecosistema antiguamente abundante y, por diversas circunstancias, hoy casi desaparecido.
De este complejo lagunar, denominado "Las Salinas" por los habitantes del lugar, destacando de entre ellas la Laguna Grande (Villafáfila) de 192 Ha, la Laguna de Barillos (Revellinos y Villafáfila) con 118 ha y la Laguna de las Salinas (Villarrín de Campos y Villafáfila) de 70 Ha. Esta última laguna fue desecada en 1970 y recuperada por la Junta de Castilla y León en 1989.
Situación
La Reserva Natural de Lagunas de Villafáfila, de 32.682 Ha de superficie, se encuentra enclavada en el noroeste de la provincia de Zamora, dentro de la comarca de Tierra de Campos, donde la estepa cerealista es el paisaje dominante. En el centro de ésta y rompiendo la monotonía que impone el cultivo de secano aparece, como un oasis, un complejo lagunar de carácter temporal y salino.
Se encuentra situada entre las cuencas de dos importantes afluentes del río Duero: la del Esla al Oeste, que nace en la cordillera Cantábrica y que transporta un importante caudal, y la del Valderaduey al este, que nace entre las provincias de León y Palencia. Al norte se encuentran algunas colinas, y montes de escasa altitud, como lo altos de la Cruz y de los Lobos, y el teso (pequeña meseta) de Pedro Nuño, mientras que al sur el relieve es muy abierto. En esta zona interfluvial, y a diferencia de la cuenca de los dos ríos, donde la pendiente del terreno facilita la formación de una red hidrográfica, la orografía es extremadamente suave, propiciando el estancamiento de las aguas, y la formación de lagunas y áreas encharcadas. Este fenómeno, conocido como endoerrismo, ha sido el agente modelador de las salinas de Villafáfila, una de las zonas más singulares del norte de la Meseta.
Situadas en medio de un infinito paisaje cerealisa, entrañan sin enbargo una belleza especial, sobre todo con la salida del sol y al atardecer. Además del paisaje, el hombre ha creado un rico patrimonio arquitectónico de tapial y adobe: la «cultura del barro». Pero los dos hábitats más significativos de Villafáfila son la razón de la relevancia de este enclave. Los humedales dan refugio a tal variedad y cantidad de aves migratorias que convierten este espacio protegido en una de las más importantes áreas de invernada de la Península Ibérica. Por otro lado, las parcelas de secano conservan una de las mayores poblaciones de avutarda de Europa.
Su interior engloba terrenos pertencientes a 11 términos municipales:
Términos municipales incluidos totalmente en el espacio natural: Revellinos, San Agustín del Pozo, Tapioles, Villafáfila (Otero de Sariegos y Villafáfila) , Villalba de la Lampreana y Villarrín de Campos.
Términos municipales incluidos parcialmente en el espacio natural: Cañizo, Cerecinos de Campos, Manganeses de la Lampreana, San Martín de Valderaduey y Villárdiga.
Límites
Los límites de la Reserva Natural de Lagunas de Villafáfila son los que a continuación se describen, tomando como punto de inicio el límite norte y siguiendo en sentido horario:
Norte: Partiendo del punto en el que confluyen los términos de Barcial del Barco, San Agustín del Pozo y Vidayanes toma la línea de términos entre San Agustín del Pozo y Vidayanes, continúa por la que separa Vidayanes y Revellinos, después Revellinos y San Esteban del Molar, San Esteban del Molar y Cerecinos de Campos, y por último, Cerecinos de Campos y Villalobos, hasta la intersección con el trazado de la antigua carretera N-VI, continuando por dicho trazado hasta el límite de términos entre Cerecinos de Campos y Villalpando.
Este: Desde este punto sigue en dirección sudoeste por la línea de términos entre Villalpando y Cerecinos de Campos, ídem entre Villalpando y Tapioles hasta el río Valderaduey, prosigue por el río Valderaduey aguas abajo hasta su cruce con la carretera Zamora-Villalpando (C-612), continúa en dirección sudoeste por dicha carretera hasta la línea de términos entre Cañizo y Castronuevo.
Sur: Sigue en sentido noroeste la línea de términos entre Cañizo y Castronuevo de los Arcos, después por la de Villalba de la Lampreana y Castronuevo de los Arcos, ídem entre Villalba de la Lampreana y Arquillinos, y entre Villalba de la Lampreana y Pajares de la Lampreana; continúa por la línea de términos entre Pajares de la Lampreana y Manganeses de la Lampreana, y, finalmente, entre Manganeses de la Lampreana y San Cebrián de Castro, hasta el punto que separa las entidades de Manganeses de la Lampreana y Riego del Camino.
Oeste: Desde el punto anterior, continúa por los límites de entidades entre Manganeses de la Lampreana y Riego del Camino, hasta encontrarse con la carretera N-630. Sigue por dicha carretera hasta la confluencia con los términos entre Manganeses de la Lampreana y Granja de Moreruela, de Villarrín de Campos; seguidamente sigue la línea de términos entre Villarrín de Campos y Granja de Moreruela hasta la confluencia de tres términos: Santovenia, Granja de Moreruela y Villarrín de Campos; a continuación sigue por la línea de términos entre Santovenia y Villarrín de Campos hasta la confluencia de tres términos (Villafáfila, Villarrín de Campos y Santovenia), tomando a continuación la línea de términos entre Villafáfila y Santovenia hasta el punto de confluencia con el término de Villaveza del Agua, y después la línea de términos entre Villafáfila y Villaveza del Agua hasta el punto de confluencia con el término de San Agustín del Pozo. Desde este punto prosigue por la línea de términos entre San Agustín del Pozo y Villaveza del Agua hasta su confluencia con el de Barcial del Barco, y, por último, la línea de términos entre Barcial del Barco y San Agustín del Pozo, hasta llegar al punto inicial de descripción de estos límites.
Protección
En 1986 la Junta de Castilla y León creó la Reserva Nacional de Caza de Las Lagunas de Villafáfila que se asienta sobre terrenos de 11 términos municipales y ocupa una superficie de 32.682 has. En el año 1996, con la entrada en vigor de la Ley de Caza de Castilla y León, la reserva se convirtió en Reserva Regional de Caza. En la actualidad la Junta de Castilla y León ha declarado como reserva natural a este espacio natural por sus elevados valores biológicos, motivo por el que el régimen de protección, uso y gestión de la Reserva Natural de Lagunas de Villafáfila, es el establecido en la Ley 8/1991, de 10 de mayo, de Espacios Naturales de la Comunidad de Castilla y León, en el Decreto 7/2005, de 13 de enero, por el que se aprueba el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Espacio Natural de Lagunas de Villafáfila y en los demás instrumentos de planificación y normas que se desarrollen en aplicación de lo dispuesto en la citada Ley.
A nivel internacional, la reserva está declarada como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y como Lugar de Interés Comunitario (LIC) ante la Unión Europea, formando parte de la Red Natura 2000. Por último, su complejo lagunar está incluido en el «Convenio Mundial de Protección de Zonas Húmedas de Importancia Internacional» (RAMSAR).
Características
Geomorfología
EL paisaje de la zona se caracteriza por una suave orografía, con escasas pendientes y amplios horizontes, y una altitud media entre 700 y 720 m, donde el cultivo del cereal es casi monoespecífico. En su centro se localiza un complejo lagunar de carácter salino, estacional y estepario.
Los datos geológicos indican que los materiales más representados pertenecen al Terciario y Cuaternario, cubriendo de forma discordante a otros materiales paleozoicos que forman el basamento de la cuenca. El carácter salino del complejo lagunar se debe a la gran cantidad de sales que impregnan los materiales terciarios que forman el sustrato. Son primordialmente detríticos (conglomerados, arenas, arcillas), en parte carbonatados (margas y algunos niveles de caliza) y evaporíticos (yesos y otras sales) del Mioceno.
El acuífero terciario de la zona de Villafáfila es de aguas surgentes, que en su ascenso a los niveles superiores se «contaminan» por disolución con las sales que impregnan los sedimentos terciarios y se salinizan. Una vez evaporada el agua de los humedales en verano, los fondos aparecen cuarteados y cubiertos con una costra de sal. En años de máxima inundación, el complejo lagunar ocupa una extensión de unas 600 Ha. Las principales lagunas del complejo lagunar son la Laguna Grande (Villafáfila) de 192 Ha, la Laguna de Barillos (Revellinos y Villafáfila) con 118 Ha y la Laguna de las Salinas (Villarrín de Campos y Villafáfila) de 70 Ha. Esta última laguna fue desecada en 1970 y recuperada por la Junta de Castilla y León en 1989.
Cuenca semiendorreica
Una cuenca endorreica es un área geográfica aislada en la que, debido a su relieve, no existen puntos de desagüe hacia el exterior, por lo que las corrientes fluyen hacia el interior, y el agua se acumula en las cotas inferiores. En el caso de Villafáfila, el sustrato relativamente impermeable, formado principalmente por arcillas, facilita la formación de lagunas permanentes en una superficie inundable global de entorno las 600 Ha. De hecho, aunque la mayor parte del agua se acumula en Villafáfila, esta sin embargo no es una auténtica cuenca endorreica, ya que hay un pequeño desagüe en el sector suroeste, por lo que es más acertado calificarla de cuenca semiendorreica.
Sin duda alguna, el aspecto más importante del endorreismo es la formación de lagunas de aguas más o menos permanentes. Además de su importanci geológica y paisajistica, estas acumulaciones de agua tienen también un importante valor ecológico, dado que suelen estar situadas en áreas de clima relativamente seco y desempeñan un papel importante, vital, en el ciclo de muchas especies. En Villafáfila existen en la actualidad una decena de lagunas de naturaleza esteparia y aguas salobres, además de muchos encharcamientos de carácter temporal. Las tres mayores lagunas son la Laguna Grande (192 Ha), Laguna de Barillos (118 Ha) y Laguna de las Salinas (70 Ha). Las restantes lagunas de este complejo endorreico, tienen una menor dimensión, como la del Villardón, la Presa, el Triunfo, Parva, Redondales, Bamba y de las Paneras.
La profundidad de las lagunas es muy escasa, ya que apenas supera el medio metro en las zonas de máxima profundidad. Esto es debido al proceso natural de colmatación, por el cual las lagunas se van llenando con los sedimentos transportados por el agua hasta que se colmatan completamente y se convierten en praderas húmedas. Sin embargo, este proceso natural, de ritmo muy lento, se ha visto acelerado de forma muy rápida por las nuevas prácticas agrícolas. En concreto, los extensos cultivos cerealistas, que dejan el suelo desnudo durante una parte del año, y la concentración parcelaria de los años setenta, que eliminó una gran parte de los linderos cubiertos de vegetación que retenía el suelo, han favorecido notablemente la erosión de la cuenca y, por tanto, la colmatación de las lagunas. Como ejemplo, basta señalar que en el año 1948 tenía una superficie de casi 500 Ha, más del doble de su dimensión actual, y una profundidad de unos treinta metros.
Naturaleza salobre
Otra de las características principales de este complejo lagunar es la naturaleza salobre de sus aguas, que determina la dinámica de estos ecosistemas. Por una parte, el agua que llega a estas lagunas tiene un alto contenido en sales, principalmente cloruros, sódico y magnésico, ya que circula por estratos arenosos y suelos aluviales ricos en estas sustancias. Por otra parte, el agua de las lagunas sufre una importante evaporación, especialmente durante el estío, lo cual conlleva una mayor concentración de sales en el agua. Como consecuencia, las sales se van acumulando sobre el suelo que con el tiempo va adquiriendo un carácter extremadamente salino, como lo demuestran las especies vegetales que crecen sobre ellos. La existencia de las sales ha tenido a su vez, una importante papel económico durante siglos.
Vegetación y flora
La vegetación de estas áreas vienen influenciados por tres importantes factores climáticos y edáficos, como son:
El intenso frío invernal y la sequía del intenso periodo estival, condicionan la presencia de especies que sean capaces de resistir las condiciones extremas. Situación que conlleva la presencia de vegetación de tipo estepario, característica de las zonas de clima continental, con plantas herbáceas y arbustivas de escaso porte, y la práctica ausencia de especies arbóreas.
La variación estacional del nivel del agua de las lagunas y de los encharcamientos temporales, que determina un gradiente ambiental según el grado de inundación de cada zona. Así, la planta más habitual de las zonas inundadas durante la mayor parte del año es la castañuela, de cuyos brotes se alimentan muchas de las aves de la zona. Otra de las especies propias de la zona es el gramón, cuyo desarrollo sólo es posible en los bordes de las zonas inundadas, donde la profundidad del algua es escasa.
La elevada concentración de sales en los suelos, y como consecuencia la dificultad que tienen las plantas para extraer el agua del suelo, debido a fenómenos físicos ligados a la presión osmótica. Por ello, aunque el suelo contiene una suficiente cantidad de agua, esta no se encuentra disponible para las especies vegetales, que sufren como consecuencia una sequía fisiológica. Para poder sobrevivir en estos espacios salinos, las plantas han desarrollado diversos mecanismos encaminados a aumentar la absorción del agua y eliminar las sales que encuentran disueltas con ella. Gran parte de estos mecanismos son de tipo fisiológico, y se producen a nivel radicular, pero no obstante, pueden advertirse adaptaciones anatómicas de la parte aérea, fácilmente observables. Presentan así hojas de pequeño tamaño y endurecidas para evitar la pérdida de agua, como las del taray, una de las pocas especies arbóreas de la zona. Algunas plantas, como el guarapo, pueden eliminar por poros de hojas y tallos el exceso de sal, motivo por el que presentan un aspecto blanquecino. Otras como las salicores, presentan tallos llenos de agua para diluir el exceso de sal y evitar sus efectos nocivos.
En este espacio natural, es reseñable además su temprana deforestación con objeto de aprovechar sus terrenos para cultivos, diferenciamos claramente dos comunidades vegetales:
Por un lado, una inmensa llanura cerealista, con una monotonía aplastante sólo rota por alguna pequeña alameda y unos escasos ejemplares de pino piñonero. La estepa cerealista se encuentra dominada por los cultivos de cebada, trigo y alfalfa de secano, así como las plantas ruderales características.
Por otro, en el centro de la Reserva, un complejo lagunar de carácter salino, estacional y estepario, que junto con los prados salinos que las rodean conforman los ecosistemas que presentan mayor riqueza botánica, en una superficie total aproximada de unas 600 Ha. Esta variada vegetación está condicionada por los gradientes de encharcamiento, salinidad y climatología, lo que permite encontrar conviviendo juntas especies características de zonas continentales y otras de bordes marinos. Hasta el momento, todos los estudios realizados sobre vegetación acuática confieren a este complejo lagunar una importancia internacional. Entre las muchas especies de plantas existentes en el humedal de interés botánico resaltaremos la juncia o castañuela, de la que se han descrito tres especies: Scirpus maritimus, Scirpus litoralis y Scirpus lacustris. En los bordes lagunares y praderas cercanas predomina el gramón junto a especies como la escorzonera enana, el pelujo, el hinojillo de conejo, la arrastradera, la margarita, el correjuelo y la grama.
Fauna
En la estepa cerealista pervive una de las mayores poblaciones de avutarda (Otis tarda) del mundo —2.668 individuos censados en marzo de 2005— así como otras especies de gran interés ligadas a la estepa como el cernícalo primilla, con más de 300 parejas nidificantes, el aguilucho cenizo, el sisón y la ortega entre otros. El complejo lagunar posee una extraordinaria riqueza en invertebrados acuáticos, pero son las aves las que ponen la nota más colorista y espectacular de la Reserva. En ella se concentran casi el 50% de todas las aves acuáticas censadas en Castilla y León. Como nidificantes pueden destacarse la cigüeñuela, la avoceta, el aguilucho lagunero, la pagaza piconegra, la avefría, el azulón, el zampullín, la cigüeña blanca, el pato cuchara y el chorlitejo chico. Como únicamente invernantes o en paso citaremos al ánsar común, con una media de 26.000 individuos invernantes en la última década, la grulla, el ánade friso, la cerceta común y la espátula.
Galería de fotos
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